IGUAQUE Y LA CULTURA DEL AGUA


Fotografías e imagenes:  Diego Arango R


APUNTES HISTÓRICOS SOBRE IGUAQUE



1. RESEÑA HISTORIA



1.1. Antecedentes



Iguaque, que en lengua chibcha significa “montaña vigorosa”, fue en la época amerindia epicentro cultural; como territorio sagrado representó, para los muiscas,  el universo en continua regeneración: nacimiento, fecundidad,  fertilidad  e iniciación, símbolo de ascenso y conocimiento interior.  Para el  pueblo Muisca, Iguaque fue una especie de “ corazón del mundo”  por cuyas arterías,  los ríos, se nutría la vida de la tierra que, como Madre,  alimentaba  la vida de sus hijos.  Así, el territorio fue concebido como “árbol genealógico” vivo, donde cada espacio, montaña,  valle, piedra, planta y particularmente río y laguna constituía el hábitat de fuerzas vitales esenciales donde los sabios,  jeques o mohanes,  leían el pasado,  veían el futuro y organizaba la producción material y espiritual  de las comunidades.



Junto con todo este saber se construyó una “cultura del Agua” que tuvo como epicentro   la Laguna de Iguaque.  Según la tradición,  esta montaña es la representación simbólica de la Madre, de donde fluye la energía vital: el agua y  donde la Laguna sagrada de Iguaque es su vientre, de donde emerge Bachue. o Huitaca,  encarnación erótica de la Gran Madre,  y que para los muiscas dio origen a la humanidad.  Bachue aparece junto con Sugunsua: principio  germinador  masculino.

  

1.1.1. EL MITO DE BACHUE



Existen diversas lecturas e interpretaciones acerca del mito de Bachue. Uno de ellos esta asociado con la misma tradición que se conserva en las comunidades tradicionales de Iguaque y esta asociado con la cultura del agua, en que se ve a Bachue  como    principio  germinador  femenino de  la  naturaleza y representación  simbólica  del  agua,  principio  que  da  la  vida  y  la  muerte ( concebida  como  renovación   y  cambio). En efecto Bachue significa, en lengua chibcha, “la madre  de los  pechos  erguidos” o  “pechos prominentes”.( Bta:  levantados;  Chue,  pechos;  Chue:  Madre-esposa).
  

La figura mitica de Bachue e Iguaque son  deidades ofídicas asociadas a la figura mitológica de la doble serpiente, representaciones, quizás, de la vía Láctea

“Así Iguaque se encuentra posiblemente asociado a la Vía Láctea; como río celeste, y se encarna como ser terrenal en la forma de serpiente” “La asociación entre la figura de Bachue y la Vía Láctea nace de la forma ofídica de esta diosa y su consorte Iguaque”. En algunas  piezas de orfebrería muisca encontramos la representación de las dos serpientes unidas.. “la figura serpentiforme, en la cultura muisca, se relaciona con el medio acuático” (Legast 1996). “Las dos serpientes unidas podrían simbolizar a la Vía Láctea, ya que tiene la apariencia de dos caudales, uno más luminoso dentro de uno más extenso menos brillante” “el brillo metálico del oro representaría adecuadamente el de las serpientes del cielo”.
 

El mito de Bachue posiblemente tiene una connotación astronómica importante en el sitio de Saquenzipá. Desde este lugar cuando sucede el solsticio de verano, la Vía Láctea hace su aparición tras el atardecer hacia el Noreste sobre la laguna de Iguaque. Tras esta “salida” desde las montañas de Iguaque la Vía Láctea se vera a semejanza de un caudal de luz que avanza desde el NE cruzando el cielo para esconderse por el SW” En la cultura muisca existe una gran importancia simbolica el eje NE-SW.


El Macizo de Iguaque jugo un importante papel en la llamada “integración vertical de los distintos pisos ecológicos”[1] desarrollada por las comunidades indígenas  asentadas en el territorio, y donde se establecieron ciclos y técnicas agrícolas acordes a la especificidad del medio y los recursos naturales. Efectuaron  una especie de  humanización de la naturaleza sin provocar disturbios que afectaran la autorregulación de los ecosistemas (Molano,1990).

  

Cuando  ocurre  la  última  glaciación  (hace 10.000  años) como  parte de los drásticos  cambios  geológicos y han  surgido  unas especiales  “condiciones  micro y  meso-ambientales  expresada  en una  gran  diversidad  de  suelos,  fauna  y  vegetación “ parece  que  ya  se había iniciado  una ocupación  humana  de este   territorio”,  que empieza  con  un reconocimiento  y  aprendizaje de  los  diferentes  ecosistemas  de  la montaña  andina. Es factible  que  toda  esta  representación  simbólica,  encarnada  en el  mito de Bachue,  haya  tenido  como  origen  las  mismas  condiciones ambientales  del pasado. Cuando se da la  última  glaciación, los  picos del macizo de  Iguaque eran nevados. Para  esa  época  los primeros  indígenas  ya hacían un reconocimiento del territorio[2]  y  a partir de  esa  referencia  natural –los  picos  nevados- la tradición posterior muisca contruye toda  una  cosmogonía  centrada  en este  hecho:  los  cerros nevados como  representación  de  los  senos y  la  leche (agua) que  alimentarían a  toda  la  población: los hijos de Bachue.



Para los Muiscas los ríos y en particular las lagunas eran sitios sagrados, cuyas almas  o espíritus acuáticos  protegían a sus gentes. A las lagunas se les rendían tributos, a ellas encomendaban  la ventura de los recién nacidos, y en sus aguas se efectuaban los ritos de iniciación, purificación, sanación y conocimiento. A las lagunas se dieron importantes y numerosas peregrinaciones desde lugares lejanos para realizar pagamentos por los favores recibidos de los “espíritus del agua”. La tradición mantiene el recuerdo de diversas festividades en honor del agua, una de ellas la gran fiesta ceremonial de “correr la tierra” que congregaba durante veinte días a miles de personas procedentes de lugares lejanos. Posteriormente, en  el proceso de evangelización y conquista, las lagunas y fuentes de agua fueron satanizadas y se prohibió cualquier contacto con ellas.


Actualmente, para algunos sectores de la comunidad Iguaqueña, las lagunas y el macizo tienen un carácter sagrado[3] que hay que preservar..



 1.  Cronología y  Cultura



Hace, aproximadamente, 12.000 años a.p, pueblos amerindios se establecieron en el territorio del altiplano oriental. Se dieron tres etapas formativas: una primera de caza, pesca y recolección; una segunda protoagrícola; y una tercera fase, “formativo desarrollado,” caracterizada por el establecimiento de comunidades agrícolas, alfareras, tejedoras y minero-metalúrgicas. La investigación realizada por el proyecto Medio Ambiente Pleistocénico Holocénico y Hombre prehistórico, “encontró evidencias de cazadores-recolectores del pleistoceno tardío (12.000 a.p) y del holoceno temprano en diversos sitios del altiplano oriental” (Langebaek R.,C.H., 1995).[4]



  La etapa agrícola, de carácter  comunal, se establece entre 7000  a  5000 A.P. con la domesticación de las primeras plantas cultivadas, en especial el maíz; entre el 1500 y 500 A.P se  inicia  un proceso de domesticación de animales. Posteriormente, con la producción de la alfarería, tejidos,  metales y  técnicas  hidráulicas se desarrolla una importante cultura y compleja organización social para poder acceder a la  naturaleza. Según Molano, “con  el  empleo de la  energía  bajo distintas  formas  inició  el  manejo  de  las  cadenas tróficas  haciéndolas  más  simplificadas  y a  su  vez  controlando  las  especies  animales que  podían hacerle  competencia… todo  el conocimiento  adquirido  sobre  la  misma  naturaleza  desembocó  en  el  poder  almacenar  energía  metabólica,  como  producto  de  la  revolución  agrícola.



  Es indudable que por la  necesidad de tierras de  calidad para cultivos, se modificaron  los  bosques; y los sistemas  técnicos  de tala y  quema, los llevaron a  plantearse un  tipo de agricultura itinerante para dejar descansar y recuperar los suelos intervenidos y permitir una regeneración natural de los bosques. Se adoptaron una serie de intervenciones armónicas con la  naturaleza junto con  una estrategia productiva, lo que se ha llamado el concepto de “complementariedad  vertical,” es decir, una “integración vertical de los distintos  pisos ecológicos” (Molano, 1990) por los distintos grupos asentados sobre laderas, valles y altiplanos, “donde cada uno ofrece una producción diferenciada acorde con sus características  ambientales,  en la medida, de que cada piso térmico es un conjunto integrado de ecosistemas con producción  diferenciada y especializada;” unido a esto, se dejan quietos los corredores  biológicos y  se hace una  utilización  racional  de los variados de recursos de esa  gran  diversidad   ambiental.  Esta complementariedad, con el uso de las vertientes “como fuente de  producción  de  muchos  elementos  diversos,  no  permitió el agotamiento  de  los  recursos  donde se estableció el  grupo, pues la demanda por  ellos era  parcial, importando los demás de  otros ecosistemas”( Molano,1990.); además, la utilización de excedentes, el manejo directo de ecosistemas distintos y la ocupación de amplios espacios  de  montaña, genera un intenso  y  rico comercio.



  La dinámica poblacional, el medio ambiente y las relaciones interregionales se articularon para crear un cambio social (Langebaek R.,C.H., 1995) que les permitió alcanzar notables adelantos desde el punto de vista de sus complejos sistemas políticos, culturales y sociales. Se agrupaban en aldeas nucleadas, pueblos y centros de producción, con una  densidad de treinta y cinco a cuarenta habitantes por kilómetro cuadrado (Chaunu,1974); tenían un sistema de descendencia matrilineal con un régimen de castas, pero con propiedad comunal sobre la tierra. Grupos corporativos matrilineales denominados capitanías eran las unidades básicas de producción  y consumo:  varias  capitanías formaban  lo que los españoles denominaron pueblo y hoy son veredas, aunque muchas veces permanecían autónomas (Broadbent 1964; Villamarin1972); los cacicazgos eran unidades territoriales que corresponden a lo que hoy en día se denominan municipios ( Broadbent 1964); las fronteras eran cambiantes, flexibles y permeables, llegándose, incluso, a la inestabilidad como característica de la centralización política;  fue así como los cacicazgos, incorporados en  confederaciones, pudieron conservar en  gran  parte su autonomía política y económica. (Colmenares 1970, Villamarin 1972; Langebaek 1987 y 1995)
 

  El medio ambiente, la gran riqueza de los  recursos  naturales, jugo un papel importante en el surgimiento de esta sociedad compleja; las condiciones climáticas del territorio,  la abundancia de agua, la fertilidad del suelo y la diversidad de flora y fauna, dieron origen  a una estructura social compleja cuya base económica se fundamentaba en el conocimiento de los astros, de los ciclos de cultivos regidos por éstos, de la afectación de  las plantas,  animales y seres humanos, según los cambios  ambientales.  Todo este saber, acumulado  durante  siglos e indicado por la experiencia, fundamentado en la consulta, respeto y querer de la naturaleza  les sirvió para la solución de problemas alimentarios, medicinales, técnicos y  culturales


  El desarrollo político y el origen de los cacicazgos, se encuentra relacionado con una situación ambiental que favoreció la especialización de la producción y la redistribución desde un  centro de control.  (Service 1994;163-164 citado por Langebaek R.,C.H., 1995)[5] Para Reichel-Dolmatoff, en Colombia, las sociedades complejas surgieron como resultado de la introducción del maíz de mesoamérica, que ocasionó cambios socio-culturales y demográficos y, además, permitió la especialización artesanal; para otros, como Haury y Cubillos (1953), el medio ambiente, particularmente el altiplano oriental, fue un fuerte límite para el desarrollo de la sociedad muisca; y anotan que al  estar los valles inundados,  al momento de la llegada de los españoles, los muiscas sólo pudieron desarrollar su actividad agrícola en  las laderas que rodeaban las llanuras y  que en tales sitios se presentaban serios problemas para la producción en  razón a la erosión y las heladas periódicas; de igual manera, argumentan Reichel-Dolmatoff (1961;87) y Domínguez (1981:90) al afirmar que la agricultura estuvo limitada por la heladas; en  cambio otros autores, como Donkin (1968) anotan que los suelos de laderas son mejores, son más profundos, menos ácidos y con  mejor drenaje que los suelos de la parte plana de los valles que son  problemáticos, entre otras cosas, por el  drenaje deficiente.


  Langebaek dice que algunos investigadores han afirmado que los muiscas construyeron una civilización “en  algunos aspectos similar a la de los incas, y al parecer,  en mucho menor tiempo” debido a los patrones del uso de la tierra y a factores ambientales. (Edit, 1959;374 citado por Langebaek R.C.H., 995) Así mismo, otros investigadores afirmaron que el proceso de desarrollo cultural llegó a su culminación en  los estados muiscas populosos y bien organizados en  razón  de que el medio ambiente era más favorable…y que el  desarrollo político de los muiscas se debió también a “las condiciones geográficas  de los suelos templados,  planos y fértiles,   la abundante agua y la topografía que favorecía la intercomunicación.” (Carneiro, R.,1961;  Angulo, C, 1961)


Los principales cultivos fueron: maíz, Turmas ( papa),  cubios, hibias, frijoles, bartata, ají, algodón y coca, entre otros.



   2. Características sociales,  políticas  y  económicas.



    La cultura muisca fue una sociedad compleja, organizada jerárquicamente a través  de  cacicazgos, que tenían un desarrollo no homogéneo y una centralización política desigual; existieron diferencias  regionales  muy  marcadas y, al parecer, relaciones de conflicto entre algunos de ellos. Los cacicazgos de Saquencipá, Sáchica, Chiquiza, Gachantivá, Ráquira y Tinjacá eran independientes políticamente del Zaque y del Zipa, a quienes no tributaban  las tierras de los caciques de Sáchica y Tinjacá, señores libres;” (Fernández de Piedrahita,  1666/1973) sólo Aguado opina que la región hacía parte de Tunja (Aguado, 1581/1956).En el siglo XVI, en la región existían los cacicazgos de Saquencipá,  Monquirá, Sáchica, Ráquira, Uranchá, Tinjacá  (Londoño 1985) e Iguaque.
 

  Antes de la llegada de los españoles al territorio, se dieron fuertes tensiones entre las  comunidades asentadas en el valle de Samacá, llamado La Laguna, y el cacicazgo de  Hunza, Tunja, que venía desarrollando  una  política  de expansión y  control  territorial en búsqueda de mejores tierras. En algunos documentos se dice que,  originalmente las comunidades de Saquencipá, Monquirá y Sáchica se habían  establecido  en el valle de Samacá y que fueron  desplazadas por  grupos sujetos a Hunza (Tunja), de  Ramiriquí,  Cucaita, Sora, Boyacá, Samacá, Tibaquirá, Furaquirá, Buisa, Foaca y Cupachaine e, incluso, algunos de la  cuenca  alta  del río Garagoa . En un  documento del siglo XVI, el cacique de Cucaita afirma:“las tierras que tengo en La Laguna…las  ganamos los indios comarcanos  desta provincia que ahora  tenemos…y echamos  dellas al  cacique de Saquencipa y Sacheca e yo  quede por  guarda y amparo  de  las mismas  tierras.” [6]En tiempo pasado  y ahora presente están entremetidas las  tierras  y  labranzas de  Sorá  y  Cuqueyta y Ramirique  porque  solían  ser muy  amigos  entre los  caciques  viejos  y solían  ayudarse  en  las  guerras  que  tenían  con  los  caciques  de  Sáchica y Monquirá.[7] Según lo han  interpretado varios autores, las comunidades  desplazadas del valle de Samacá -las de Sáchica, Saquencipá y Monquirá- se establecieron a la  orilla norte del  río Sáchica y en  el  valle ubicado al costado oriental del río Suta; y las poblaciones asentadas en estas zonas,  se  desplazaron y  asentaron en  la  vertiente  occidental (Suta, Tinjacá,  Pavachoque,  Tijo) (Langebaek 1998).

  Los grupos en la sociedad muisca estaban divididos en parcialidades, capitanías o partes; “a la cabeza de cada  parcialidad  había un capitán  con  cuyo nombre, en ocasiones,  se  distinguía  del  grupo  entero.  Lo  mismo  ocurría, por  lo demás,  con los  cacicazgos, al menos  en  los  títulos de  las primeras otorgaciones  de  encomiendas.” [8]


  Las relaciones de los  capitanes con los caciques  habrían  sido  las de feudatarios y las capitanías constituían unidades territoriales (Silvia Broadbent). A partir de la intervención española, muchos de  los  cacicazgos se transforman en  capitanías o  partes de estas, la sucesión de los  cacicazgos, como de las  capitanías, era  matrilineal; es decir, recaía en  el  hijo mayor de la hermana  del  cacique o  del  capitán y alrededor del cercado del  cacique se daba un asentamiento  nuclear; con la ocupación española,  las capitanías primitivas perdieron el papel que tenían en la jerarquía de la sociedad  muisca. “Los encomenderos emplearon a los capitanes para cobrar los  tributos de los  indios que les estaban sujetos directamente y como un reconocimiento de su autoridad, los eximieron de pagarlos  ellos  mismos.  Los capitanes también  recibían  los  salarios  que el encomendero adeudaba a la comunidad por trabajos colectivos (…)Las agregaciones de pueblos, realizadas  a  partir  de  1602, constituyeron nuevas capitanías al incorporar como capitanes dentro de  un  pueblo “agregado” a los que habían sido caciques. Estos nuevos caciques conservaron la función  de cobrar tributos hasta el siglo XVIII. La ocupación española modificó, también,  la  pertenencia  a las parcialidades, que se daban por línea materna, lo mismo que las reglas  de residencia; el interés de los encomenderos entraba a menudo en conflicto con una estructura social del  todo extraña y,  por  lo tanto, tendían  a  modificarla  en  su  provecho.” [9] 
 

  3. Intercambio.



  El intercambio tuvo un papel primordial en el desarrollo de las interacciones sociales,  económicas y culturales de estos grupos y otros pueblos vecinos y quizás con sociedades de otros territorios; está comprobado que se realizó un intercambio de excedentes entre las comunidades de Tinjacá y Suta, Saquencipá y Monquirá; a la llegada de los españoles, estos  realizaban un amplio  intercambio  en el  mercado de Sorocotá[10] al cual tenían acceso otros grupos. Según parece, existía un mercado ubicado en  una loma situada entre Monquirá, Saquencipá  y Suta (Ariza 1972) (quizás la Loma de Monsalve en  la actual  vereda de Cañuela en  el  municipio de Villa de Leyva); en  gran  cantidad  de poblados se efectuaban mercados cada cuatro días (AGI, Stafé 5612v) y, en 1573, se  ordenó  que estos  se realizaran en  Villa de  Leyva;[11] los caminos fueron fundamentales  para el desarrollo de esta amplia red de intercambios, y hay pruebas etnohistóricas de que, diversos cacicazgos tenían acceso a otros ecosistemas, en búsqueda de  recursos diferentes.
 

4. Ambiente



¿Cuál era la situación ambiental a  la  llegada  de los españoles? ¿Cuál fue el manejo  que  las comunidades  indígenas le dieron? Se han planteado varías hipótesis,  ninguna  probada: primero, que dicha relación y manejo  fue armónica y que los  cambios  ambientales  se debieron a  los modelos agroculturales  de  los  españoles; entre ellos, la introducción del  trigo y la  ganadería que implicó la  destrucción del bosque (Molano 1990, Arango 1998); y otra que plantea que, los ecosistemas fueron impactados por los sistemas productivos prehispánicos, principalmente, por el  método de cocción de la  cerámica.  Falchettí afirma  que: “este estado de la  zona  se  debe esencialmente a la acción  del hombre: desmontes  y  talas  sistemáticas  acabaron con  los bosques allí existentes  en alguna  época  y  privaron  al suelo de su capa vegetal. Pero esta acción no se inició con la conquista, pues el problema citado debe tener sus orígenes en tiempo precolombinos. El método de cocción al aire libre empleado por  los indígenas,  presupone la utilización de grandes cantidades de leña,  para la cocción de cada lote  de  cerámica. Por lo tanto, esta actividad practicada a gran escala,  por  una  alta  proporción  de la población local, durante un  largo  tiempo, constituiría una causa de la iniciación  de una tala sistemática de las áreas forestales.”(Falchetti  1975) Este concepto lo comparten  los arqueólogos Therrien, Boada y Mora. Hay evidencias de que las tierras más degradadas, erosionadas, son las que muestran menos indicios de haber sido ocupadas por las  poblaciones indígenas; esta teoría también la comparten algunos investigadores, entre  otros, Langebaek (1998).


  5. Poblados



   Los cacicazgos de Saquencipá y de Monquirá, que estaban muy próximos uno del otro, al parecer ocupaban un territorio que había sido de las comunidades de Yuca (Tovar1980) Ambos cacicazgos, posteriormente fueron parte de una misma encomienda; y en el siglo XVI integraron un sólo pueblo; no obstante, los dos se reclamaban  independientes. En  un  documento (AGN vis Boy 7 f 57Or), los de Saquencipá declaran  que  no están “…sujetos a ningún otro cacique antes todas las comarcas le eran sujetas;” y en otro, del siglo  XVI, se dice que: “nunca fueron  sujetos  a  otros caciques nyngunos  fuera de su  pueblo a el cual le daban mantas y tujielos de oro e le hazian  sus  cercados e buhíos  e cavaba sus labranzas y  le cazaban  venados e conejos  e  que es  más lo que pagan agora que lo que  le  daban  a  su  cacique.” (AGN  Vis Boy 17 f 562r, en Tovar1980).Al parecer, el poblado de Saquencipá estaba ubicado en el sitio que hoy se  denomina El Infiernito El Santuario), es decir, sobre la margen oriental del río Sutamarchán; y Monquirá, en el lugar donde  hoy están las ruinas  de la escuela y capilla de Monquirá; y aun cuando fueron desplazadas  del valle de Samacá, La Laguna, conservaron en el valle  tierras para sembrar  en épocas de sequía. La base económica era la producción agrícola; cultivaban,  maíz,  fríjol,  yuca, auyamas, ají , batatas, turmas[12] y  algodón.


  Es importante destacar el hecho que, a diferencia del resto del territorio  muisca, rotaban la tierra y construían canales de irrigación; esto lo corroboran varios documentos  del siglo XVI:“…no están por sembrar por ser tierras que nos sobran sino porque las dejamos descansar para que luego que se cansen de la labor las otras a ellas  comarcanas…pasemos  a  labrar  en  ellas y  huelguen  las  otras…” (AGN Prob Boy 2 f 364r) y en un documento del siglo XVI, citado por  Langebaek, se dice que cerca  a  Sáchica existían tierras “toda de riego  desde antigüedad  y  que si esas  tierras “no  son de  riego,  no  valen  cosa ninguna.” (AGI Santafé 56ª,  en  Langebaek  1998)



Poblamiento hispano



Los colonizadores españoles entran al territorio en 1537 después de pasar por Ubanza (Vélez), entrando por el río Saravé (río Suarez) llegando a Sorocotá, ubicado en el cauce  del  río Moniquirá, y luego al pueblo de Turca, que  los españoles  bautizaron ´Pueblo-Hondo´, por estar encajonado entre montañas en  la confluencia de los ríos Sáchica y Cane; posteriormente atraviesan el valle de  Monquirá y  Saquencipá; luego pasan a Suta , Tunjacá (hoy  Tinjacá), Ráquira  y  el  lago  de Siguasinza  (o  Fúquene).



La llegada y asentamiento de los españoles produce un cambio radical en  la estructura socioeconómica y cultural  del pueblo muisca. El modelo de organización y producción, de carácter mediterráneo,  genera un  fuerte impacto en el paisaje y los ecosistemas naturales.


(explotación de la tierra con la introducción de herramientas de hierro y empleo de animales


Población indígena siglo XVI -XVII



  La disminución de la población indígena  en  el siglo XVI y  XVII “oscila  entre el  93% y el  65%.  Los porcentajes  más extensos corresponden  al Valle de Tenza… Por el contrario, una región periférica en el extremo noroeste de la provincia, en el  corregimiento de Sáchica  experimentó una declinación más lenta. Este fenómeno  puede  atribuirse a la fundación relativamente tardía  de un centro urbano,  Villa  de Leyva,  que pudo en cierto  momento  competir  con Tunja,  pero cuyos rasgos  dominantes  no eran señoriales  como  los  de la capital  de la  provincia.



 Porcentajes  de disminución  de  la  población indígena




1562
1635-36
Sáchica
570
142
Tinjacá
450
278
Chiquiza
60
65
Iguaque
300
91





Población indígena en el  siglo XVIII                   Vecinos



                


1755
1777-8
1755
1777-8
Chiquiza
100
139
106
243
Monquirá
88



Yuca
109
195


Sáchica
177

146

Ráquira
210
125
761
1.513



 Fuente: Germán  Colmenares “La  Provincia  de  Tunja  en  el  Nuevo  Reino  de Granada,1984.



   Según otras fuentes la población  indígena, en 1571-72,  para Saquencipá (Monquirá) era de 308  y de Monquirá,  451. 


  La sociedad  indígena  declina  por  el impacto  cultural, las epidemias (epidemias  de viruelas en 1558, 1566,1568-1569, 1587, 1633). “Por este año de 1566, empezó en  todo este Reyno una  gravísima  peste de viruelas,  contagio  tan  riguroso, que  murieron  dél  muchos Españoles, y de los indios  fue tan  grande la  mortandad, que disminuyó  mucho su  numeroso gentio;”[13] y por las condiciones de sobreexplotación. Las familias indígenas son desvertebradas, los indígenas son separados de sus comunidades de origen para trabajar en  hatos, haciendas, casas de los encomenderos (particularmente mujeres) y  minas. También “las  llamadas ‘conducciones´ a las  minas  de  plata de  Mariquita  pesaron como una  amenaza  de deterioro  constante de los pueblos  indígenas en el siglo XVII. Muchos indios reclutados  por este  trabajo  preferían  huir en el curso del trayecto  y otros, que ya habían  prestado el servicio,  no regresaban  a  sus  pueblos temerosos  de ser reclutados de nuevo. De los 146  pueblos de  la Provincia de Tunja, “cuya existencia se ha podido comprobar  para  1562, se  habían reducido a 125  en  1602-1603.”[14]



UNIDADES SOCIALES Y POBLACIÓN DE SAQUENCIPA EN 1572[15]



Fuente: Clara Ines Casilimas-María Imelda López: Las visitas del siglo XVI al territorio muisca: fuente de datos culturales. Trabajo inédito, Bogotá, 1985





UNIDADES SOCIALES
HOMBRES
MUJERES
NIÑOS
HUIDOS
AUSENTES
ENFERMOS
VIEJOS
VIUDOS
EN DISPUTA
Cacique CUPAQUEN
21
15
7
1
-
1
-
-
Capitán TIBASAQUE
6
4
2
-
-
-
-
-
-
Capitán CIPAMEA
17
7
4
-
-
-
-
-
Capitán NEASOCA
4
1
1
-
-
-
-
-
-
Capitán  PIRAQUEUSA
20
11
11
-
-
-
-
-
Capitán SAYRIA
19
13
6
-
-
-
-
1
Capitán NEYABANE
17
11
9
-
-
2
-
-
-
Capitán CHIASAQUE
31
22
18
-
2
-
1
-
Capitán AGOACHAQNE
22
15
13
-
-
3
-
1
-
TOTAL
156
99
71
1
17
7
1
2
2



  Resguardos


  Por  orden  del  Consejo de Indias, el  Presidente  Antonio González  introdujo los  resguardos. Estos fueron terrenos más  o  menos  alinderados ocupados por grupos indígenas. “Vivían  dentro de  un  estatuto  socio-político  y régimen  económico  más  o menos tradicionales,  bien  si  se  tratase  de  indios  encomendados  o indios ‘libres',  tributarios a la Corona.”[20]
 

En el Macizo existieron dos importantes resguardos: el de Iguaque y Chiquiza. Los resguardos que se hicieron entre 1590-1605 y se completaron en 1636,  significaron un  confinamiento  de  la  población  indígena  al  mínimo  vital  dejando  disponibles  para  mercedes  y  agrupando  a los  indios  de tal  manera  que  pudieran ser  accesibles simultáneamente a varios estancieros españoles(...)Los resguardos  contribuyeron a  fijar  una  residencia  nucleada  de los  indios que  hasta  entonces  se habían resistido a  varios intentos de las autoridades españolas para poblarlos. La construcción  de capillas  doctrineras  a  comienzos  del  siglo XVII  y  la  residencia  permanente de un  doctrinero, contribuyeron  también a abolir   la  dispersión (...) Los  indígenas pudieron también distribuirse mejor entre los estancieros mediante   conciertos  (trabajadores permanentes) y alquileres (trabajadores temporales) quienes proveyeron  de mano de obra las propiedades durante todo el  siglo XVII y gran  parte del  XVIII.”[21] 




[1] Estrategia  productiva que se ha llamado de  complementariedad  vertical” (Murra, 1972) desarrollada por  los  distintos  grupos  asentados  sobre  laderas,  valles y altiplanos,  en   donde  cada  uno  ofrece  una producción  diferenciada acorde con sus  características  ambientales,  en la  medida, de que   cada  piso  térmico  es un conjunto integrado  de  ecosistemas  con producción  diferenciada  y  especializada”. (J. Molano, 1990). Esta complementariedad, con  la  utilización de  las  vertientes  “como  fuente  de  producción  de  muchos  elementos  diversos,  no  permitió el agotamiento  de  los  recursos  donde se estableció  el  grupo , pues  la  demanda por  ellos  era  parcial,  importando  los  demás  de  otros  ecosistemas.

[2] La investigación  realizada por el proyecto Medio Ambiente Pleistocénico Holocénico y Hombre prehistórico “encontró evidencias de cazadores-recolectores del pleistoceno tardío (12.000 a.p) y del holoceno temprano en diversos sitios del altiplano oriental” . (Langeback R.,C.H., 1995
[3] Ver Anexo Nº 2

[4] Estudios de polen  han planteado la posibilidad de que la agricultura se dio en  el altiplano antes del  período  muisca (Van  der Hammen 1962 y 1991; Van Geel y Van der Hammen 1973)
[5] La importancia que tiene el  medio ambiente en  el surgimiento  de sociedades complejas se manifiesta también en la “tendencia hacia la competencia en la producción de excedentes entre los cacicazgos para así mantener a los caciques” (Langebaek R,C.H, 1995, Sahlins 1958; Fried 1967, Plog 1991) “Este excedente se destinaría a alimentar a los artesanos,  quienes  podrían así dedicarse exclusivamente a la manufactura de sus artículos,  los cuales ya no se limitarían a abastecer las necesidades internas del grupo local, sino que cumplirían además una función comercial.” (Falchetti, A.M.,1976) Igualmente existe la hipótesis que el  cultivo del maíz “por su alto nivel productivo el  cual permite la existencia del excedente requerido por la elite permitió el  desarrollo de jerarquías sociales” (Leeds 1961 citado por Langebaek R,C.H, 1995) También se ha argumentado que los muiscas eran  una población “hambrienta y enfermiza” por la escasez de alimentos y que parte de la dieta de la elite eran productos marinos.  (Boada1988)
[6] Doc 1.9 en Londoño 1985, citado  por Langebaek 1998
[7] D. 1.3.4 en Londoño 1985
[8] Germán  Colmenares, La  Provincia de Tunja  en  el  Nuevo  Reino de Granada, 1984.
[9] Ibid.

[10] “El otro puesto donde  se  hacían  los más  famosos  mercados  era  en  la  tierra  del  cacique  Sorocotá, que ahora se comprende en los términos de la ciudad de  Vélez. Aquí, por  ser  comunes  bogotaes,  tunjas,  sogamosos,  guanes,  chipataes,  agataes,  saboyaes  y  otras  muchas  provincias  comprendidas  dentro  de  éstas,  se  juntaban  de  ocho en  ocho.  Véseles  gran  suma de  gente con  los frutos de  sus  tierras, en que  también  bullía  buena  suma  de  oro,  en  especial  de  los  que acudían  del  poniente, como eran agataes y sus vecinos que  viven a las vertientes  del Río  Grande  de la  Magdalena,  donde siempre se  ha  hallado  mucho  de  este metal,  aunque nunca  el de  plata.  Y así se  tuvo por  cosa  rara lo que  sucedió en este  mercado  de  Sorocotá  y  algunos años después de fundado por  los  españoles,  los  cuales  dejaron  pasase  adelante, unos  negros esclavos  cimarrones  acudían  allí  el  día  del  mercado,  haciendo  a  los  indios  mil  agravios  que  después  pagaron  en  la  horca  por industria  de  las  justicias.

Para  evitar  estos  y  otros  inconvenientes,  mandó  la  -ciudad-  de  Vélez  le  mudará  el  puesto  del  mercado  a  una  loma  alta  cerca  del  otro  puesto, donde  aunque  comenzaron  a  acudir,  era de  tan  mala  gana  que los  más  se  volvían  a  su  primer  sitio,  haciendo sus  contratos  de  mayor  cuantía  sobre  una  piedra  de  hasta  cuatro  quintales  que  había  en  un  cerrillo  del  puesto,  a  cuya  redonda  estaba  toda  la  gente. Advirtiendo de esto  la  ciudad  de  Vélez  y  habiendo  los  alcaldes  de  ella  buscado  la  causa,  hallaron  que  aquella  piedra  era  lo  que  les  podía  arrancar  de  su  primer  sitio,  por  las  supersticiones  que  en  ellas  tenían  para  sus  contratos.  Con  que  determinaron  con más  veras  quitarlos  de  allí,  y  para  que  del  todo  tuviera  efecto  hacer pedazos  la  piedra.  La  cual hallaron,  quebrándola,  tan  rica  de  plata,  que se  sacaron  de  ella  más  de  ochenta  marcos,  de  que  se  hicieron  muchas  piezas  que  algunas  permaneces  hoy.  Llenóse  con  esto  la  tierra  de esperanzas,  entendiendo ser  aquella piedra  de  algunas  minas  ricas  de  algún  metal  que  hubiese  cerca,  haciendo  de  esto  apretadas  diligencias  por  más  de  cuatro  años,  en  que se  trastornaron  las  quebradas,  cerros  y amagamientos  de  la  redonda  con  extraordinarios  cuidados,  que  todos  fueron  en  vano  por  no haberse podido  rastrear  hasta  hoy  cosa  de este  metal  en  minas  en toda  la  tierra  que  lo  buscaron.  De  donde  salió  opinión  entre  muchos,  que  aquella  piedra  se  la  había  traído  allí el  demonio  de  alguna  mina  rica  de plata  de  las  ciudades  de  Mariquita,  Potosí,  u  otra parte,  para  las  supersticiones  que  sobre  ella  hacían.” Fray Pedro Simón: Noticias Historiales de las Conquistas  de  Tierra Firme  en  las  Indias Occidentales.  Biblioteca Banco Popular,  Bogotá, 1981, pág. 404

[11] En 1573, el Corregidor de Tunja, don Juan de Otálora,  expidió la siguiente orden:“…teniendo consideración al grande y excesivo trabajo que los indios de Sáchica y Saquencipá,  Monquirá y Suta y Tinjacá…y Chiquisa..y Turca y Sorocotá…padecen en irse a alquilar a la dicha ciudad de Tunja,  por estar a cuatro y a cinco leguas y otros a seis y siete de dicha ciudad de Tunja y por ir como van los dichos indios cargados con leña y otras  cosas,  desde los dichos sus pueblos a la dicha ciudad de Tunja…por lo cual parecen grande y excesivo trabajo,  por lo cual muchos de los indios enferman y otros mueren con la pesadumbre de dichas cargas,  lo cual es justo remediar. Y por que todos  los dichos indios están  dentro de dos leguas de la comarca desta dicha Villa,  de la cual más lejos y otros a legua y otros a media legua,  y por obviar  las dichas molestias y extorsiones y también porque esta Villa y los vecinos della sean ayudados con el servicio de los dichos indios para sus edificios y labores, y por el bien que dello a los dichos naturales se sigue,  mandaba y mando que agora de aquí adelante…de que todos los indios que los caciques que de los dichos pueblos envíen y son obligados a enviar alquiler a la ciudad de Tunja,  vengan desta dicha villa y en ella se alquilen por el precio y el tiempo que en dicha ciudad de Tunja…para que con el ayudar dellos las labores y edificios desta Villa vayan adelante…”

“Otro si dijo que mandaba y mando que el mercado que por los naturales de esta comarca se acostumbra hacer en la loma que está entre Monquirá,  Suta y Saquencipá,  de hoy en adelante se vengan a hacer y se hagan en la plaza pública desta dicha Villa,  conviene que los dichos indios lo hagan,  según dicho es,  en la dicha plaza,  para estar más cerca de la Justicia Real de su Magestad,  que los defienda y ampare y tenga en paz y justicia de cualquier agravio que les fuere hecho así por los españoles como por otros naturales…” (6,  págs. 77-78)

[12] Papas
[13] Fray  Alonso  de Zamora: Historia  de  la  Provincia  de  San Antonio del Nuevo Reino de Granada. 1945
[14] Germán  Colmenares La  Provincia  de  Tunja  en  el  Nuevo  Reino  de Granada, 1984
[15] En 1572, los indígenas de Saquencipa acostumbran a desplazarse a Chiquiza, Iguaque, Lenguazaque, Pavachoque, Tinjacá, Sáchica, Ubaté y otras poblaciones, con el fin de trabajar para los encomenderos y establecer vínculos matrimoniales.

[16] En el momento de la visita estaban en “lo de Pedro Ramírez de León”, Taquira, Lenguazaque y dos de ellos en Ubaté, pueblos de donde eran nativas sus mujeres.

[17] En el momento de la visita se encuentran en la laguna de Maldonado, en la  laguna de Partearroyo, Pavachoque de Angulo, Suta de Santana, Suta, pueblos de donde eran nativas sus mujeres.

[18] En el momento de la visita se encontraban en Iguaque, y dos en “lo de Ramírez”, de donde eran nativas sus mujeres.

[19] En el momento de la visita se encontraban en Pavachoque y dos de ellos en Tinjacá, de donde eran nativas sus mujeres.
[20] Juan Friede: La  Conquista  del Territorio  y  el poblamiento.
[21] Germán Colmenares : La Economía y la Sociedad Coloniales, 1550-1880. En  Manual de Historia de Colombia.


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